27 de enero de 2026 | 13:02
INTRODUCCIÓN
Si buscamos el origen de la investigación, como actividad dedicada al descubrimiento de información, en general, podríamos remontarnos a la más remota antigüedad, en este sentido, el detective privado Eugenio Vélez-Troya señala, en su libro Los detectives o investigadores privados, que: “la investigación es algo tan antiguo como el hombre mismo […] porque desde el preciso instante en que el hombre contempló cuanto le rodeaba, se preguntó de inmediato la razón de todas las cosas”, aunque, en este caso, no podemos dar al término “investigación” la connotación propia del trabajo de un detective privado, sino más bien se trata de un término referido a la curiosidad innata del ser humano, es decir, a la indagación de aquellos aspectos (científicos, técnicos, etc.) que han hecho avanzar a la humanidad.
Tampoco cabe duda de que los gobiernos y Estados, de todas las épocas históricas, han utilizado espías o agentes para obtener información, remitiéndome al artículo OSINT (Inteligencia de Fuentes Abiertas) respecto a este tema.
En cambio, si hablamos de la investigación privada, es decir, aquella actividad llevada a cabo por personas ajenas a los gobiernos, con fines particulares, la cosa cambia, pues siguiendo las palabras de José Luis Ibáñez, en su libro Todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe: “si siempre es difícil averiguar quién fue el iniciador de cualquier actividad, la cosa se complica en el caso de los detectives privados, dada la naturaleza secreta, confidencial y reservada de su oficio”.
El origen de la profesión de detective o investigador privado, tal y como la conocemos hoy día, está lejos de ser clara, algunos autores hablan del surgimiento de esta actividad con el nacimiento de las grandes empresas privadas, durante la primera revolución industrial, iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII, por su parte, Maximiliano Fernández de Miguel admite la práctica de la investigación comercial entre particulares y empresas desde el nacimiento del comercio.
Y si bien no hay constancia de la práctica de investigaciones privadas, en el sentido que se le da hoy a esta actividad, en fechas anteriores a la primera década del siglo XIX, este hecho no descarta su existencia en momentos anteriores.
En este artículo haremos un repaso a las figuras más destacada de los inicios de esta profesión en algunos países.
FRANCIA
Siguiendo al historiador francés Dominique Kalifa (1957-2020), podemos citar los orígenes de la investigación privada en Francia, a través de las siguientes figuras.
Claude Villiaume, veterano de guerra, condenado por el intento de asesinar al Primer Cónsul Napoleón Bonaparte y director de una agencia matrimonial parisina, en 1.807, se ofreció a ayudar a "personas que deseen obtener cualquier tipo de información", siendo la primera referencia que se tiene de una oferta de servicios de investigación privada, tal y como la conocemos hoy día.
El aristócrata Chevalier de Beaufort fundó una empresa de vigilancia ofreciendo, en su publicidad, "todo tipo de pesquisas, informaciones e investigaciones de asuntos comerciales, familiares y personales, y la investigación sobre personas ausentes o cuyo paradero se ignora"; unos servicios que, en la publicidad posterior resumió como "todo tipo de investigaciones, vigilancias, informaciones y pesquisas".
Jean-Baptiste Robin, 1.824, proporcionaba "informaciones e investigaciones para mejorar la celeridad y la seguridad de las gestiones de cualquier tipo de negocio".
En 1.825, Guy Delavau, antiguo jefe de la Policía de París, fundó una agencia con servicios de policía privada.
Eugène-François Vidocq (1775-1857), delincuente condenado, en 1.908 ofreció sus servicios de informador a la Policía, y, tras su fuga, se infiltró entre la delincuencia de su época, realizando diversas investigaciones para la Policía, pasando a ser un agente de investigación criminal y abriendo su propia agencia de investigación, Bureau de Renseignements, a finales del año 1.833, para la cual contrató a expresidiarios.
Siendo, la mayor parte del trabajo de sus investigadores privados, actuar como una especie de policía particular y privada, en aquellos asuntos para los que sus clientes consideraban que la Policía no estaba equipada o dispuesta a ayudar, las fuerzas de seguridad oficiales intentaron cerrar la agencia.
En cualquier caso, se atribuye a Vidoq haber introducido, en la investigación criminal, la toma de registros, la criminología y la balística, además, fue el primero en realizar moldes de yeso de huellas de zapatos, y creó, tanto la tinta indeleble, como el papel bond inalterable.
Su forma de antropometría sigue siendo, en parte, utilizada hoy día.
ESTADOS UNIDOS
El auge de la investigación privada en Francia motivó su expansión a los Estados Unidos de América, así, durante la década de 1.840 se fundaron, al menos, tres agencias de detectives privaos en Nueva York y San Luis.
Como principal representante de esta profesión, en Estados Unidos, podemos citar al escocés Allan Pinkerton, quien, tras dimitir de su cargo en la Policía de Chicago, en 1.850, se asoció con un abogado, Edward Ruckel, para fundar la agencia de investigación, North-Western Police Agency.
Rota la sociedad, en 1.852, Allan junto con su hermano Robert creó la Agencia Nacional de Detectives de Pinkerton, suscribiendo importantes contratos con diversas compañías ferroviarias para vigilar trenes y estaciones, y con el servicio postal de Chicago, para investigar robos y sustracciones en vehículos postales y estafetas.
Pinkerton introdujo el uso de técnicas científicas, tanto en los escenarios del crimen, como en el laboratorio, creó el primer archivo de identificación de delincuentes, con fotografías y descripción física, y formó un equipo de agentes seleccionados por su honradez, su capacidad analítica y sus dotes para interpretar cualquier papel en distintos ambientes.
Entre los agentes contratados por Pinkerton destaca Kate Warne (1933-1968) una viuda de Nueva York que, a los 23 años, pasó a convertirse en la primera mujer detective de la historia, y la mejor especialista del país en delitos de cuello blanco, participando en casos como los desfalcos de la Compañía Adams Express.
En 1.860, Warne se hizo cargo de su la Oficina de Detectives Femeninas, en Chicago, contratando mujeres como Elizabeth H. Baker y Hattie Lawton, pasando así a dirigir la unidad femenina de la agencia, conocida como "las Pinks".
Kate Warne fue decisiva en el descubrimiento de un complot para asesinar a Abraham Lincoln en Baltimore, en febrero de 1.861, justo antes de que tomara posesión como presidente electo, evitando el magnicidio e impulsando la fama de la agencia Pinkerton.
Los agentes de Pinkerton prestaban todo tipo de servicios, investigaciones encubiertas, detección de delitos, protección de plantas industriales, seguridad armada, llegando a tener contratados un número de agentes que podía compararse al número de soldados alistados en el Ejército de Estados Unidos.
En esta época, la investigación privada prestaba apoyo a las empresas durante los conflictos laborales, proporcionando guardias armados para actuar como milicias privadas, o agentes encubiertos para infiltrarse y perturbar la actividad sindical.
Tras la huelga de Homestead (1892) en la planta de acero de Carnegie en Pennsylvania, en la que hubo un enfrentamiento armado entre los trabajadores y agentes de Pinkerton, contratados por la patronal, del que resultaron varias víctimas mortales, algunos Estados aprobaron leyes que restringían la contratación de guardias de seguridad privados durante las huelgas sindicales.
Hoy, la Ley federal Anti-Pinkerton de 1.893 sigue prohibiendo que un “individuo empleado por la Agencia de Detectives Pinkerton, o una organización similar” sea contratado por el Gobierno de los Estados Unidos o el gobierno del Distrito de Columbia.
REINO UNIDO
Charles Frederick Field (1805-1874), considerado el primer detective privado del Reino Unido, tras jubilarse de la Policía Metropolitana, fundó, en 1.852, una oficina de investigación, centrada en investigaciones civiles.
En 1.862, uno de sus empleados, el húngaro Ignatius Paul Pollaky (1828-1928), aprovechando la experiencia adquirida en la agencia de Field y la creciente demanda en Londres de investigaciones privadas, fundó su propia agencia de detectives privados, la Oficina de Investigación Privada de Pollaky, en su publicidad ofrecía servicios de asistencia en "casos de elección, divorcio y difamación" o "investigaciones discretas en Inglaterra o en el extranjero", enfatizando la confidencialidad y eficacia en la resolución de los asuntos confiados por los clientes, llegando a convertirse en uno de los detectives privados profesionales más conocidos de Gran Bretaña.
El establecimiento de Pollaky se distinguió por ofrecer servicios a una amplia clientela, incluyendo particulares y empresas, que demandaban un trabajo de investigación especializado.
Pollaky empleó la vigilancia y el seguimiento como técnicas fundamentales en sus investigaciones, especialmente en casos de alto riesgo, para lo que contaba con el apoyo de funcionarios de Scotland Yard.
En 1.867 se convirtió en agente especial de la Policía Metropolitana de Londres, especializado en inteligencia, abogó por la creación de un registro de extranjeros, aprobado por la Alien Act (Ley de Extranjería) de 1.905
Su dominio multilingüe (hablaba y escribía, al menos, seis idiomas) le permitió realizar investigaciones transfronterizas eficaces y colaborar con las autoridades en casos que involucraban a criminales europeos, descifrar correspondencia extranjera y entrevistar a testigos en sus lenguas maternas.
Además del trabajo de campo, Pollaky recalcaba la importancia de tomar notas en las escenas del crimen y llevar un registro sistemático de las pistas, su enfoque se centraba en la recopilación de pruebas con fines civiles o diplomáticos, priorizando la discreción sobre la confrontación, evitando depender de arrestos formales.
Como ejemplo de mujeres detectives en el Reino Unido, podemos citar a Maud West, que, en 1.905, abrió su propia agencia de detectives en Londres, abierta hasta finales de la década de 1.930, y en la que, además de realizar ella misma gran cantidad de investigaciones de campo, contrató un personal (masculino y femenino) que seleccionó, cuidadosamente, por su capacitación.
ESPAÑA
La investigación privada no llegaría a España hasta 1.888, fecha en la que Daniel Freixa i Martí (1858-1910), Inspector jefe de la Policía, tras escribir su primer libro, El mundo del crimen, abrió la primera agencia de detectives privados en España, La Vigilancia y Seguridad Mercantil, una agencia dedicada a elaborar informes comerciales e "investigaciones generales", con sede en Barcelona, abrió delegaciones en Madrid, Bilbao, La Coruña, Valencia y Sevilla.
Ya en el siglo XX, se fundaron en Barcelona varias agencias de Detectives privados, La Internacional (1907) y American Office (1908) y en Madrid, La Protectora (1913) y la Oficina Internacional de Detectives (1913).
En 1.917, el francés, Ramón Julibert i Argelich, abrió, en Barcelona, la agencia de detectives L’Humanité, y, posteriormente, fundó la primera Escuela de Detectives Privados de nuestro país y una sección de vigilancia uniformada, además de crear un sistema de cobro de morosos por personal vestido con un llamativo traje de color rojo, los llamados "agentes colorados", además, fue uno de los primeros en contratar mujeres detectives en España.
Sobre este particular, podemos citar la agencia de detective barcelonesa La Discrección, que, en 1.914 citaba, en sus anuncios, la presencia de mujeres detectives, especializadas y que investigaban asuntos secreto-particulares y realizaban investigaciones prematrimoniales.
Mención espacial merece Carolina Bravo, la primera mujer detective privado de la que se tiene constancia en España y que, en 1.925, disponía de su propia agencia de detectives en Barcelona, operando como detective independiente y anunciando sus servicios de investigaciones e información, tanto nacionales como internacionales, en diversos periódicos de la época.
Especial significación tiene Ramón Fernández-Luna Aguilera (1867-1929), uno de los policías que introdujo en España las modernas técnicas de investigación, y que, en 1.919, comenzó a trabajar como detective privado, alcanzando gran fama hasta el punto de ser llamado en la prensa “el Sherlock Holmes español”.
Tras su breve regreso a la Policía, y su jubilación, en 1.923, fundó el Instituto Fernández-Luna, en el que se daban clases preparatorias para el ingreso en la Policía y se gestionaba una agencia de detectives.
El 11 de febrero de 1.951, se publicó, en el Boletín Oficial del Estado, la Orden de 17 de enero de 1951 por la que se reglamenta las actividades de las llamadas "Agencias Privadas de Investigación", primera norma destinada regular esta profesión, que sentó las bases para la posterior regulación del sector, dentro del marco de la Seguridad Privada en España, estableciendo la competencia de la Dirección General de Seguridad, en Madrid, y de los Gobernadores Civiles, en las demás provincias, para conceder autorización para dedicarse a este tipo de actividades, previo expediente que debían tramitar las Comisarías Especiales del Cuerpo General de Policía, estableciendo, además, las condiciones para el ejercicio de esta profesión, sus limitaciones, las obligaciones de agencias y detectives, medios y modo de publicidad, entre otros aspectos.
Tras su entrada en vigor, podemos citar a María Pilar Ortiz Estévez, de San Sebastián, quien, en 1.968, abrió su propia agencia especializada en informes de empresas, investigaciones laborales y encargos de vigilancia y participó en varios Congresos Mundiales de Detectives.
En este breve repaso sobre la historia de la investigación privada en España no puede faltar Eugenio Vélez-Troya (1921-2007), diplomado en Investigación Privada y en Criminología, fue nombrado Presidente para Europa de la Asociación Mundial de Detectives, en México, Chicago y Barcelona es considerado uno de los detectives privados españoles más expertos y uno de los principales impulsores de esta profesión en España.
En 1.953 fundó la revista Detectives y en 1954 fue nombrado miembro de la World Secret Service Association de EE. UU., formando parte del Comité Ejecutivo como delegado para Europa y África del Norte.
En 1.958, fundó y presidió la primera Asociación Nacional de Detectives de España y en 1.970 fundó y presidió la Asociación de Detectives Privados de Barcelona.
Con una larga experiencia profesional, es, sin duda alguna, el detective privado español que más reconocimientos nacionales e internacionales ha recibido a lo largo de su carrera.
BIBLIOGRAFÍA
Histoire des détectives privés en France: (1832-1942) (2021). Dominique Kalifa.
¿El primer detective de la historia quién fue? (2023). Eñaut Uruburu Martínez.
Evolución de la práctica de la investigación privada (2020). Piotr Kowalski.
Investigación privada. Teoría y práctica (2022). David Magín Blanco Toldos.
Los detectives o investigadores privados (1979). Eugenio Vélez-Troya.
Todo lo oye, todo lo ve, todo lo sabe (2020). José Luis Ibáñez.
Emparejados. Mercantilización y rituales matrimoniales durante la primera mitad del siglo XIX (2024). Andrea Mansker.
Investigadores mercantiles (Reporters) (1988). Maximiliano Fernández de Miguel.
Detectives mercantiles (1989). Maximiliano Fernández de Miguel.
Señoritas detectives: Investigadoras privadas pioneras en un campo de nabos (2021). Raquel C. Pico.
Carolina Bravo, OSINT en pasado (2021). Salvador Gamero.
Ignatius Paul Pollaky (2025). Grokpipedia.
María Pilar Ortiz: La primera mujer detective en España (2021). Óscar Rosa / El Loco del fondo.
The adventures of Maud West, Lady Detective (2019). Susannah Stapleton.